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“La música en el cine” PDF Imprimir E-mail
Carlos Bernardo León Villegas   
Domingo, 09 de Octubre de 2016 09:51

columnaCarlosBernardoBuenos días. Un extraordinario amigo que la vida me obsequió en mis andanzas por los medios de la radio el cine y la televisión, lo es sin duda Javier García Espinosa. Estudioso del arte de la dirección escénica en cine y TV; profesional en su labor; excelente mentor en universidades dando cátedra; director en muchos de los video clips que tuve el agrado de producir, y un apasionado a todo lo que huela al medio, resulta que lo reencontré después de muchos ayeres, y nos dimos a la tarea de escarbar los recuerdos y reírnos de nuestras anécdotas vividas.

Él, un enamorado toda la vida de la recién fallecida Martha Roth, en nuestra plática abordaba diversos temas del pasado. Le pedí, pues además tiene una muy buena pluma, escribiera “algo” de esas reminiscencias. Caballeroso como es accedió de buena gana a prestarme su peñola... 

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“Esta semana han fallecido dos importantes estrellas del cine mexicano: Mario Almada y Martha Roth. Ambos con carreras muy distintas, pero igualmente exitosas, han dejado un legado importante en la pantalla, y son referente de géneros cinematográficos nacionales.

Martha Roth, nacida en Padua, Italia, estudió en México con el mítico maestro de arte dramático Seki Sano, y siendo muy joven se consagró como una actriz de gran fuerza interpretativa y amplios recursos al darle vida a la valiente Maru, en la clásica cinta de Alejandro Galindo, Una familia de tantas (1949). Por este papel ganó un Ariel en 1950, demostrando que podía interpretar a esa jovencita de 15 años de edad que se enfrenta, con una gran dignidad, a un padre autoritario, conservador, abusivo, un verdadero cacique familiar, interpretado por un incomparable Fernando Soler. Esta verdadera guerra familiar es disparada por otro personaje muy peculiar, un modesto vendedor de aspiradoras, Roberto del Hierro, interpretado magistralmente por David Silva, que entra a la casa a ofrecer el aparato, y al mismo tiempo la visión de un mundo nuevo, diferente, libre que Maru no conocía ni imaginaba.

Alejandro Galindo supo integrar el talento de estos tres grandes actores para la creación de una película vigente hasta nuestros días. Y más adelante, repite a la pareja de Martha Roth y David Silva en otras cintas de buena factura como Anillo de bodas, inspirada en la famosa canción de Cuco Sánchez. De hecho, David Silva fue el actor favorito de Galindo, con él hizo mancuerna en otras historias memorables como Esquina bajan y Hay lugar para dos.

La interpretación de Martha Roth fue tan importante, que décadas después el director de cine mexicano que más exploró el universo de historias femeninas, Alberto Bojórquez, dedicó su primera película al personaje de Maru, como un ejemplo de lo que debe ser una mujer íntegra e independiente, alejada de todo prejuicio de la clase media mexicana.

Por su parte, Mario Almada, es todo un capítulo en la historia de nuestra cinematografía. Llegó al cine apoyando a su hermano Fernando, un actor principiante en ese entonces, y al final, él se convirtió en una estrella más cotizada y conocida que Fernando. Nació en Huatabampo, Sonora, en 1922, y tiene en su haber más de 300 películas como estelar, según Internet Movie Data Base, además de sus créditos como productor y escritor.

Nos valga la muerte de estos dos grandes histriones para tener el pretexto de asomarnos, por un momento, a la importancia que tiene la música en el cine. Las grandes actuaciones que vemos en pantalla no serían tan impactantes si no estuviera acompañadas de eso que llamamos “música de fondo” y que los estudiosos definen como “música incidental”. La dramatización de una historia en un medio audiovisual tiene como sustento la música, sin ella la película se ve hueca, sin fuerza. Lo más aburrido que existe es ver una cinta sin música, no tiene chiste alguno, totalmente desangelada. Es como ver un pastel que simplemente son dos piezas de pan, sin adorno, sin merengue, sin decoración; a nadie llama la atención. Como decía el experimentado productor don Luis Quintanilla: “las películas, a diferencia de las mujeres, hay que verlas muy vestidas, con música”. Efectivamente la música “viste” a la película, le da sentido, la completa; es imposible pensar en una película sin su soundtrack. Mario Almada se distinguió por sus películas de acción, que se apoyaban en una música dinámica y electrizante que tenía al espectador en el filo de la butaca. Los balazos de Almada no retumbarían en los oídos del público si no estuvieran acompañados de música en una gran banda sonora. La música es parte esencial del lenguaje cinematográfico sonoro, al igual que los efectos especiales. Lo mismo sucede con la televisión y otros medios narrativos modernos. ¿Cómo imaginarnos una telenovela sin música? Es impensable

La música en el cine de México tiene toda una historia, basada en grandes exponentes, el más importante, sin duda, Manuel Esperón. Quien en su dilatada carrera fue un músico multipremiado, autor de cuando menos 900 canciones, muchas de ellas temas de películas, 500 soundtracks aproximadamente y, quien entre otras cosas, fue escogido por el mismísimo Walt Disney para hacer la música “latina” de la ya también clásica cinta de dibujos animados Los tres caballeros.

Esperón trabajo prácticamente con todos los grandes directores de la llamada “época de oro del cine mexicano”. Son memorables sus partituras en obras de Emilio “Indio” Fernández como Bugambilia y Las abandonadas, por citar un par de ejemplos; Roberto Gavaldón, director muy exigente conocido como “El ogro”, autor de Doña Diabla; Ismael Rodríguez, forjador de la carrera de Pedro Infante, y quien confió la musicalización de célebres Nosotros los pobres, ustedes los ricos y Pepe el toro a don Manuel Esperón.

En una época en que los grandes estudios cinematográficos (CLASA, Azteca, Tepeyac, San Ángel, Churubusco) tenían sus propias salas de grabación de música, que podían albergar a una orquesta sinfónica completa, don Manuel platicaba la anécdota de que invitó a Jorge Negrete a que ensayara una canción ranchera para su próxima película. Negrete empezó a cantarla junto con la orquesta, pero como la canción ranchera no era lo suyo -había sido cantante de ópera- y, además, era “muy descuadrado” según comentaba con cierta sorna

Esperón, varias veces se equivocó, tuvieron que repetir la grabación, Negrete se fue molestando y súbitamente interrumpió su interpretación arrojando la partitura debajo del piano de Esperón, al tiempo que le gritaba: “Yo no soy mariachi para cantar esto”. Don Manuel lo tranquilizó, y le hizo ver lo conveniente que sería para su carrera que cantara el género ranchero. De mala gana Jorge lo aceptó y así nació “El charro cantor”, que le dio popularidad internacional a Negrete. Este fue el gran descubrimiento de Manuel Esperón.

Rubén Fuentes, autor prolífico de incontables éxitos, también escribió páginas memorables en la cinematografía nacional. Él escribió para la finada Martha Roth El pecador, que Alberto Vázquez hizo un éxito de ventas. Además de su inspiración es el inolvidable tema El despertar, tema de telenovela que encontró en la interpretación de Marco Antonio Muñiz, “El lujo de México”, resonancia internacional, y que escribió en coautoría con la talentosa Martha Roth.

Ciertos directores mexicanos se han distinguido por su atención y cuidado a la música en sus filmes, uno de ellos, Alberto Mariscal, autor que aparece en la Historia del cine mundial por su creación del género chilaquili western. Era especialmente meticuloso al seleccionar la música para sus historias del oeste. Incluso, planeaba de tal manera la concordancia rítmica de música-imagen que la música va guiando el corte de imagen, como si de un videoclip se tratara, en célebres películas como “El tunco Maclovio”. Hizo todo un estilo y escuela gracias a la forma en que usaba la música en pantalla.

Es mucho lo que el cine le debe a la música, y lo ha reconocido. El ejemplo más elocuente es el Oscar que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas concedió a Ennio Morricone por una vida dedicada a crear música para el cine; amén de la infinidad de premios Bafta, Globos de Oro, por mencionar sólo algunos. Incluso Morricone se llevó este 2016 el Oscar a la mejor banda sonora, refrendando que el cine italiano ha dado ejemplo al mundo de que el buen cine se hace con buena música. Nadie podría identificar una película de Federico Fellini sin la música de Nino Rota. Y como ellos, muchos otros músicos italianos dedicados al séptimo arte.

Y el cine mexicano actual no se ha quedado atrás. Si bien es cierto que ya no hay industria, sí hay talento, especialmente musical. Una nueva generación de músicos con amplia preparación y vocación, siguen dando vida a las cintas nacionales. Que si bien no se ven mucho en México, sí están ganando premios internacionales. En muchos casos gracias a su música”.

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Los espero la próxima entrega.

 

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