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“Graciela Olmos, La Bandida” PDF Imprimir E-mail
Carlos Bernardo León Villegas   
Domingo, 08 de Enero de 2017 09:10


columnaCarlosBernardoBuenos días. Este 2017 viene muy duro, la gente piensa y se apesumbra; las noticias hablan de gasolinazos, de marchas y plantones; de saqueos y demás seres del apocalipsis; yo les recuerdo que han pasado 497 años de que Cortés inició la conquista de México, pues fue el 14 de marzo del año 1519, cuando da los primeros pasos y concluye con la toma de Tenochtitlán en agosto de 1521, acontecimiento que dio figura al establecimiento del régimen colonial español en tierras mexicanas.

Desde entonces y hasta nuestros días, han saqueado nuestro país y no se lo han acabado. Rateros van, rateros vienen y nuestro glorioso México ha solventado todas las calamidades, ha salido de cruentos terremotos, de violentas guerras de Independencia, de una costosísima Revolución, de infames calamidades sanitarias y hasta en estos días no nos ahuyenta ese fantasma xenófobo, incruento, cruel, ku-kluxcanesco, infame, inmigrante como nuestros paisanos apellidado Trump.

Pero aguas con el Trump de Macuspana, que sigiloso como auténtico peje pretende darnos el golpe artero.

Nuestra nación se sobrepondrá a todas las fases de esta acechanza y tarde que temprano seremos lo que siempre hemos sido, una patria unida…

Siempre he sido admirador de la obra de doña Graciela Olmos, siempre me ha cautivado su biografía. Será que alcancé a pisar sus territorios siendo yo muy imberbe y me asombré de su fuerza, de su impresionante carisma y de su personalidad arrebatadora.

De entre las historias que resultan de La Revolución, esta mujer nacida sirvienta en una hacienda y que con el tiempo tuvo a su merced a políticos, militares e intelectuales en uno de los burdeles más famosos de la Ciudad de México.

La vida y la leyenda de Graciela Olmos comienza en 1895, año de su nacimiento en la hacienda de La Buenaventura en el municipio de Casas Grandes en el estado de Chihuahua, hija del caporal de la hacienda y condenada por el sistema social de la época, Graciela desde niña se convirtió en sirvienta de la casa, aguantando los malos tratos del patrón, que en algunas ocasiones cuando la niña no terminaba las tareas de las que estaba encargada se traducían en fuetazos por parte del dueño de la hacienda.

En1907, Francisco Villa y sus hombres, entre ellos un hombre llamado José Hernández, un maestro al que apodaban el “Bandido”, asaltaron la hacienda que se encontraba resguardada por más de 100 pistoleros, Villa y sus hombres acabaron con todos los gatilleros a sueldo, asesinaron al dueño de la hacienda, a sus hijas y los padres de Graciela, a la que sólo le quedó huir en compañía de su único hermano, de nombre Benjamín. Los Hermanos llegaron a la Ciudad de México y se dedicaron a vender periódicos, dormían en las calles de la ciudad hasta que un matrimonio de la oligarquía porfiriana decidió recogerlos y enviar a los hermanos al colegio de las Vizcaínas.

Sin embargo La Revolución obligó a Don Porfirio a renunciar y abandonar el país y junto con él muchos ricos que se sintieron amenazados, entre ellos a los benefactores de los hermanos Olmos, quienes antes de huir enviaron a Graciela a un convento en Irapuato donde la adolescente ante la falta de dinero terminó una vez más de sirvienta.

Entonces las huestes villistas llegaron a la ciudad y Graciela se reencontró con José Hernández, el “Bandido”. Graciela se enamoró de él, ella contaba en ese momento con 18 años de edad. Se casó, por la iglesia, condición impuesta por las monjas para permitirle abandonar el convento, con el revolucionario y lo siguió como soldadera en sus andanzas.

La tropa apodó a Graciela como -La Bandida-, se dice que conoció a diferentes personajes femeninos de la Revolución como Adela Velarde, quien supuestamente es la famosa Adelita del corrido, así como a Juana Gallo entre otras.

En 1915 José Hernández murió en la batalla de Celaya y Graciela quedó viuda, por lo que decidió regresar a la Ciudad de México. Ya en la capital, La Bandida, se dedicó al juego y se involucró con hampones de la Ciudad para traficar con joyas, entre los ladrones con los que Graciela hizo migas estaba Juan Mérigo, uno de los integrantes de la famosa Banda del Automóvil Gris.

En 1922 se trasladó a Ciudad Juárez y tras el asesinato de Villa en 1923, Graciela cruzó la frontera y decidió residir en El Paso, Texas. Ya en la ciudad norteamericana se dedicó junto con el general villista Rodrigo M. Quevedo a la fabricación y movimiento de whisky a través de la unión americana y con destino final en Chicago, eran los años de la prohibición. Dice la leyenda que en esos viajes a Chicago, La Bandida, conoció a Al Capone quien era su principal cliente, pero no sólo lo conoció, se dice que en alguna fiesta que dio el célebre mafioso y por petición de él, Graciela le cantó varias canciones folklóricas mexicanas que el gánster coreó.

La mexicana era vigilada por los agentes norteamericanos, entonces se vio obligada a cortarse el pelo y disfrazarse de hombre para burlar a la justicia y regresar a México con un maletín lleno de dólares. Graciela regresó a la Ciudad de México y trabajó en varios prostíbulos. Hasta que logró abrir su propio negocio.

La Casa de la Bandida fue un lugar concurrido por políticos, empresarios, estrellas de cine, intelectuales, artistas; se dice que Diego Rivera, incluso, Pablo Neruda llegaron frecuentar el burdel. Toreros, cantautores como Agustín Lara, Pepe Jara, Los Panchos, y todo tipo de personalidades de la época, por ejemplo, se dice que Fidel Velázquez, el legendario líder sindical, dejó de usar sombrero debido a la infinidad de ocasiones en las que lo olvidó en el burdel.

Hay historias de dos estudiantes llegados uno de cuba y el otro de Buenos aires que eran clientes de La Bandida: Fidel Castro y el Che Guevara. Graciela decía que la enorme casa de Durango 247 en la colonia Condesa, donde operaba su negocio había sido un regalo del famoso regente de la Ciudad de México, Ernesto P. Uruchurtu.

Las prostitutas de La Bandida no sólo eran bellas sino que Graciela insistía en que se educaran, que tuvieran buenos modales, por lo que las obligaba a tomar diariamente diferentes clases, desde danza hasta urbanidad y modales. Eso hizo por muchos años al burdel de la chihuahuense el lugar preferido de empresarios y políticos para cerrar sus chanchullos y negocios en ruidosas y escandalosas francachelas. Gracias a esa educación se dice que muchas de las chicas que trabajaron para doña Graciela terminaron como estrellas de cine o como damas de la sociedad.

La Bandida no se conformó con ofrecer a sus exclusivos clientes mujeres y alcohol. Graciela Olmos se convirtió también en una de las primeras narcomenudistas en forma de la Capital. Ofrecía marihuana y cocaína a sus clientes; protegida por Maximino Ávila Camacho en su momento y por el presidente Alemán después, la Bandida gozaba de un gran negocio. Además Graciela desde joven no sólo era una buena interprete musical sino que también era compositora; a ella debemos corridos como “El Siete Leguas” y composiciones populares como “La Enramada”.

Las quejas de los vecinos y las persecuciones de sus enemigos políticos obligó a Graciela a mudar su negocio dela Condesa a Ejército Nacional.

La Bandida murió en mayo de 1962, se dice que el 31. Amortajada por la madre superiora de un orfanato al que siempre beneficio.

De su música, de sus canciones, de sus corridos, y de la historia que el propio Marco Antonio Muñiz cuenta, se los comentaré en este espacio la próxima semana.

 

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