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Guillermo Samperio, maestro PDF Imprimir E-mail
Tzuyuki Flores Romero   
Miércoles, 21 de Diciembre de 2016 07:43


columnaFlores2El 14 de diciembre de 2016 falleció el escritor mexicano Guillermo Samperio. Puedo decir, casi en tono rulfiano, que de alguna manera, en los círculos literarios de Ciudad de México, Puebla y Tlaxcala, todos los de mi generación somos hijos de él. En lo personal, acudí a sus talleres de creación literaria y cuento en el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura. Fue mi asesor de beca cuando estuve escribiendo una colección de cuentos sobre infidelidad y lo seguí a su taller en la Casa del Escritor en la ciudad de Puebla. De la misma forma, pude visitarlo en su despacho, Ad hoc, donde impartía cursos en la Ciudad de México.

En los talleres fue exigente, nos retaba a mejorar, discutió con algunos compañeros que se afanaban en que un cuento debía ser como había ocurrido en la realidad y él argumentaba que debíamos escribir con verosimilitud.

Fue una persona que se reinventó a sí misma, desde la faceta de escritor multipremiado, fue también promotor cultural, realizó actividades burocráticas y académicas, y se armó una imagen rockera y desenfadada por la que se distinguió en los últimos años. A todos los que fuimos sus alumnos nos dejó buenas lecciones en cuanto a la escritura: a saber borrar, a no aferrarnos a un párrafo si no le sirve a la historia que estamos contando.

Era riguroso para armar cuentos, quitaba lo que sobraba, daba la vuelta de tuerca en donde menos pudiera uno imaginarse. De personalidad fuerte, bromista, coqueto; en alguna ocasión que una compañera escritora novel y yo lo fuimos a ver desde Tlaxcala hasta la ciudad de México para la firma de algún informe de la beca, nos advirtió que tuviéramos cuidado de los escritores.

Fue él quien sugirió que para firmar mis textos utilizara mi segundo nombre y mi segundo apellido, debido a que juntos eran más sonoros, musicales. Sin embargo, por cuestiones que la misma vida me ha impuesto, he optado por usar ambos nombres y apellidos.

Gracias a Guillermo Samperio leí “Tres rosas amarillas” de Raymond Carver y “Boca bonita y verdes mis ojos” de J. D. Salinger, entre otros grandes exponentes del cuento. Guillermo Samperio nos apadrinó a mí y a otros cinco escritores jóvenes en agosto de 2003, al presentar nuestros primeros libros en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

El día que el maestro Samperio murió alguien me preguntó si yo estaba triste, a lo que por supuesto respondí que sí. Duele perder a una persona, sobre todo si ha sido tu maestro y lo estimas por sus enseñanzas. La muerte es natural, lo sé, pero quizá lo que produce mayor melancolía es la certeza de que con la persona que se ha ido se va también una etapa de tu vida.

Me dedicó uno de sus libros con las siguientes palabras: “Para Tzuyuki, por su fuerza para crear y determinar sus asuntos y su presencia de luz”.

Maestro Samperio: el nombre de esta columna le hace también un homenaje, aquí seguimos varias generaciones de escritores sin podernos resistir a la imperiosa, constante y a veces obscena necesidad de determinar nuestros asuntos y narrarlos.

Última actualización el Jueves, 22 de Diciembre de 2016 10:20
 

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