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MIÉRCOLES 28 DE JUNIO DE 2017       08:57 AM      

Liderazgo y gobernabilidad PDF Imprimir E-mail
Ángeles Mendoza   
Lunes, 09 de Enero de 2017 07:09

columnaAngelesMendozaCualidades significativas de un gobernante con liderazgo, son fundamentales para el éxito de su administración, tales como: ser carismático, heroico, revolucionario, innovador, transformador, transaccional, personal, individual, colectivo, coercitivo, consensual, autoritario, democrático, reactivo, gerencial, partidario, legislativo, de opinión, burocrático, por mencionar sólo algunos conceptos.

El liderazgo en sentido general se refiere a una amplia gama de actividades, se aplica tanto a grupos pequeños como al gobierno de naciones enteras, a las labores de un supervisor en una empresa como a las de un estadista y a la administración rutinaria como a la creación de organizaciones. En materia de bibliografía que ha abordado el tema del liderazgo político, han proliferado no sólo definiciones sino también innumerables clasificaciones y tipologías.

Por lo tanto, existe una diferencia ya clásica de estilos de liderazgo, así como algunos subtipos también muy conocidos. Cabe resaltar, entonces, desde esta óptica, que como los líderes no son todos iguales, el liderazgo puede eventualmente ser ejercido de muchas formas.

Uno de esos tipos que se considera entre los mejores es el líder transaccional, este actúa motivado por objetivos esencialmente pragmáticos y consideraciones tales como mantener la unidad o la disciplina partidaria y la cohesión en el gobierno, fortaleciendo el apoyo público y su credibilidad ante la ciudadania. Actúa en el “aquí y ahora”, intercambiando recursos sin una perspectiva global de cómo debería ser la sociedad. Este líder opera como un agente que debe sostener la armonía del gobierno, negociando compromisos y balanceando individuos, facciones e intereses rivales entre sí.

En el caso del liderazgo transformista, este líder; en lugar de ser un coordinador es un inspirador o visionario movido por convicciones fuertemente ideológicas y tiene la determinación personal y el deseo político de llevarlas a cabo. Posee una visión de cómo debe ser la sociedad y hace lo necesario para transformarla. Este estilo de liderazgo, con todo, puede conducir a distintos tipos de autoritarismos y a ciertas rigideces ideológicas.

En la actualidad, los líderes políticos modernos enfrentan, sin duda, numerosos y mayores desafíos. Por un lado, las sociedades modernas han avanzado en su nivel de complejidad. En virtud de ello, los líderes encuentran más que difícil la concreción de sus objetivos y suelen aparecer como condenados a defraudar y a no cumplir con las expectativas que en ellos han sido depositadas.

Es aquí adonde comienza a producirse el divorcio entre la política y la sociedad. A esto se suman, por otra parte, las demandas diversas y fragmentadas con que los líderes políticos se encuentran a diario, todo lo cual les dificulta aún más la tarea de construir un atractivo político basado en una cultura común y en una serie de valores compartidos.

En consecuencia, parece constatarse hoy una considerable brecha cultural entre el mundo político y el no político. Los estilos de vida, las sensibilidades e incluso los lenguajes de los líderes políticos actuales resultan ajenos a los intereses de los ciudadanos y, a raíz de ello, lejos de ser considerados como proveedores de inspiración y articuladores de deseos populares e inspiraciones, los líderes modernos tienden a ser caracterizados sólo como preocupados por sus propios intereses y asuntos (el bien particular y no el bien común).

En los actuales regímenes democráticos puede que continúe habiendo una necesidad de líderes, pero se han creado fuertes límites para que los líderes políticos operen efectivamente a modo de responsables frente a sus seguidores, gracias al establecimiento de mecanismos institucionales que posibilitan y legislan su remoción. La misma aparición de los gobiernos constitucionales, ha conferido al liderazgo político un fuerte carácter burocrático en tanto obliga a que el poder resida más en una agencia gubernamental (vale decir, en un cargo) que en la persona específica del funcionario que lo ocupa.

Última actualización el Lunes, 09 de Enero de 2017 07:14
 

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