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Puebla 2031: El reto de sus gobernantes PDF Imprimir E-mail
Miguel Valtierra   
Miércoles, 21 de Noviembre de 2012 17:06

columnaMiguelDefinir el concepto de ciudad ha sido desde hace algunos lustros una tarea complicada para quienes han abordado el tema con minuciosa profundidad. Diversas son las formulaciones y heterogéneos los criterios contemplados a la hora de describirla con exactitud. Lo mismo sucede cuando trata de precisarse el término de ciudad moderna, incluso el de gran urbe.

Tiene razón el reconocido filósofo y urbanista español Horacio Capel cuando refiere que, con frecuencia, “resulta habitual establecer definiciones diferentes –aunque no divergentes- en contextos y momentos determinados”. Es así que puede hablarse de una “ciudad antigua”, una “ciudad medieval” o de la “ciudad moderna”, o si se quiere incluso de la “ciudad posmoderna”.

En ese contexto, e independientemente de los debates y discusiones que sobre el particular puedan desprenderse, se necesita ir más allá y analizar detenidamente y desde diferentes aristas los retos y desafíos sociales, económicos, culturales y políticos que envuelven a una ciudad: Puebla es el ejemplo más cercano, y lo tiene que ser cuando se acerca hacia sus primeros 500 años de vida.

Lo que hoy debe interesar a los precandidatos (sea del signo que sea) es entender el pasado y presente de la ciudad capital para conocer y planear, esbozar y construir la Puebla que del futuro; es decir, realizar una retrospectiva para planear en prospectiva, a largo plazo y con objetivos claros y específicos.

La planeación permite identificar lo prioritario y buscar los equilibrios, un tema que, desafortunadamente, no fue lo suficientemente abordado por las actuales autoridades.

Inevitable es, entonces, recordar a Carlos Fuentes cuando nos dice que “… No se trata de añorar nuestro pasado y regodearse en él, sino de penetrarlo, entenderlo, reducirlo a razón, rescatar lo vivo y saber, por fin, que es México…”.

Es cierto, se debe reafirmar el compromiso de honrar el pasado de la ciudad, pero en lo particular lo más importante es aprovechar la herencia espiritual, cultural y política para encarar las exigencias que demanda el vertiginoso y cambiante laberinto del siglo XXI.

El éxito de las grandes urbes radica, por una parte, en el grado de modernidad y su tipo de inserción en el mundo globalizado, pero también en el establecimiento de políticas públicas que conlleven a mejorar la calidad de vida de sus habitantes: ese es el propósito central de todo gobierno.

Es entonces que los próximos candidatos y/o gobernantes de la ciudad no sólo deben escuchar y entender el reclamo de los ciudadanos, sino deshacerse de todo prejuicio y temor para acercarse y satisfacer las demandas de una sociedad cada vez más abierta, tolerante, participativa, plural y diversa, como la que hoy caracteriza a Puebla capital.

Si se quiere construir una ciudad y un estado a la altura de su pasado este es el momento. Se tiene que avanzar mucho más rápido; ser más audaces y creativos, y menos complacientes y conformistas.

La Puebla del futuro debe ser una ciudad segura, con responsabilidades comunes, competitiva, con crecimiento económico, con administración eficiente y transparente y, claro está, que se convierta en un espacio metropolitano de genuina significación nacional e influencia internacional.

Bajo esos criterios es que deben articularse tres planteamientos elementales: dónde estamos, qué haremos y hacia dónde queremos llegar.

Si se responden tales cuestionamientos entonces se estará provocando una positiva reacción en cadena para dar solución al laberinto en que se encuentra la ciudad; un laberinto que puede resolverse si el próximo gobernante logra que todos aporten y hacen su parte para alcanzar el entendimiento y la modernidad.

El placer de un laberinto -parafraseando al escritor Roland Barthes- está en el recorrido que se hace de él. El laberinto no es solamente una entrada y una salida, sino el todo. Y es verdad, un laberinto seduce, invita a la acción y a su recorrido.

Tenemos que decirlo, la Puebla futura será receptora de los aciertos gubernamentales, pero también de sus equivocaciones.

Dice Octavio Paz: “Todas las grandes cosas que los hombres hemos hecho han sido hijas del diálogo y la cultura. La civilización es siempre confluencia de distintas tendencias, una confluencia de voces”.

En ese tenor, resulta impostergable planear desde hoy el futuro de la ciudad, pero también privilegiar el interés colectivo sobre el interés particular y, sobre todo, encontrar soluciones viables a los problemas de una ciudad tan compleja como la nuestra de cara a sus primeros 500 años.

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Twitter: @mrvaltierra

Última actualización el Miércoles, 21 de Noviembre de 2012 19:14
 

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