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Priístas de Puebla…bastardos sin gloria PDF Imprimir E-mail
Roberto Desachy Severino   
Miércoles, 30 de Noviembre de 2016 20:14

columnaRobertoDCabizbajos, molestos, iracundos, decepcionados y preocupados andan varios priístas poblanos que quieren ser candidatos a la gubernatura en el 2018, pero que no saben ni cómo será designado su contendientes y, mucho menos, tienen idea de quién será el dedo elector que defina al ungido (a).

Es que los priístas de Puebla quedaron en la orfandad, en el bastardaje desde el 2010, cuando su último padre putativo, Mario Marín Torres, el “Góber Precioso”, perdió el gobierno estatal y, partir de ahí, nadie quiere, puede ni se atreve a imponer orden el PRI poblano. No hay quién dé línea y, entonces, los cuadros tricolores andan sin dirección, más turbados que nunca, como perdidones.

Veamos: en el PRI de Puebla siempre hubo un jefe, dictador o padre. Manuel Bartlett Díaz fue un “líder” priísta soberbio, autoritario, desdeñoso y colérico con los priístas de Puebla, a los que mantuvo alejados y, en consecuencia, fundó su propia legión de tricolores con personajes como Ignacio Mier Velasco, Carlos Meza Viveros, Jorge René Sánchez Juárez, Blanca Alcalá, Jorge Estefan Chidiac, José Luis Flores Hernández, Mario Marín Torres.

En contraste, Manuel Bartlett Díaz despreció al clan del PRI tradicional: Melquiades Morales Flores, Guillermo Pacheco Pulido, Rafael Cañedo Benítez y demás cuadros a los que consideraba poco confiables, mañosos y demasiado acostumbrados a vivir del partido, en lugar de trabajar por él.

MELQUIADES MORALES: AFABLE, AFECTUOSO, INDECISO, AMBIVALENTE

Después el “patriarca” de los priístas de Puebla fue Melquiades Morales Flores, un político del viejo estilo, burocrático, afectuoso, amable, que a todos decía que sí, pero que casi nunca contestaba cuándo, ya que también era indeciso, ambivalente y demasiado preocupado por no provocar conflictos con nadie.

Melquiades Morales fue generoso con los priístas: les otorgó puestos y candidaturas a casi todos, excepto a los de su propio grupo, el 24 de Mayo, a quienes –en muchos casos- relegó a posiciones secundarias, para no hacer enojar a los bartlistas, como a Mario Marín, a quien, incluso, le cedió la candidatura al gobierno estatal del 2004.

Enrique Doger Guerrero, Marco Antonio Rojas Flores, Víctor Manuel Giorgana Jiménez, Guillermo Pacheco Pulido, Héctor Jiménez y Meneses, Moisés Carrasco Malpica, Gerardo Corte Ramírez, etc, se anexaron al melquiadismo en espera de su consolidación política, pero pocos la obtuvieron, debido a que “el melquis” acostumbraba contener a su propia gente en beneficio de los demás priístas..

MARIO MARÍN TORRES: AUTORITARIO Y EXCLUYENTE

La involución política en el PRI estatal alcanzó su punto máximo con Mario Marín Torres, el “Góber Precioso”, que –más que padre o patriarca- fue un padrastro cruel, autoritario y excluyente con quienes no eran de su grupo político, como en su momento lo pudieron constatar los priístas a los que denostó e hizo a un lado: Enrique Doger, Guillermo Pacheco Pulido y una larga lista de damnificados.

Marín Torres ejerció un poder absoluto, autoritario, en beneficio de él y su pandilla: Gerardo Pérez Salazar, Javier García Ramírez, Mario Montero Serrano, Javier López Zavala, Alfredo García Arando, Javier Sánchez Galicia, Francisco Castillo Montemayor, etc.

Una prueba más de lo gandalla y excluyente que fue el marinismo ocurrió en el 2010 cuando el “Góber Precioso” impuso a su gente en todas las candidaturas importantes en el PRI: Javier López Zavala era su delfín para la gubernatura, Mario Montero fue por la alcaldía y Lauro Sánchez hubiera sido el presidente del Congreso de Puebla…si no hubieran sido arrasados por un huracán llamado Rafael Moreno Valle.

Pese a ello, para tratar de preservarse en el poder, Mario Marín hizo algunas “concesiones” a los demás grupos priístas: en el 2004 accedió a que Enrique Doger fuera candidato a la alcaldía de Puebla, en el 2007 hizo lo mismo con Blanca Alcalá y en el 2010 repartió diputaciones locales plurinominales como larines en beneficio del mismo Doger, Víctor Hugo Islas, Alberto Amador, Jesús Morales, etc.

JUAN CARLOS LASTIRI, ENRIQUE DOGER, BLANCA ALCALÁ, JAVIER LÓPEZ ZAVALA, ALEJANDRO ARMENTA…EN UNA LUCHA MORTAL Y SIN REFERÍ

Muy pocos buenos, muchos malos y algunos peores, pero los gobernadores priístas de Puebla eran los amos, los “héroes de esta película papá”, como los llamaba Kamel Nacif y, en consecuencia, ellos decidían candidaturas, posiciones de partido y huesos jugosos en el gobierno.

Pero, a partir del 2010, todo cambió y se quedaron sin alguien que decida las controversias internas. Así que los priístas que quieren ser candidatos en el 2018 al gobierno o alcaldía de Puebla, como Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger, Javier López Zavala, Alejandro Armenta, etc están metidos en una lucha mortal, cruenta y sin un referí que ponga reglas o tiempos.

En el 2013 se esperaba que Enrique Peña Nieto se convirtiera en el “gran elector”, en ese dedo que decidía posiciones, candidaturas, premios de consolación y así ha sido, pero con resultados fatales: en el 2013 y 2016 el PRI no solamente perdió las elecciones locales, sino que fue arrasado y quedó más que comprobado que ni el presidente ni su gente asumen como prioritario que el tricolor recupere Puebla.

Todos quieren ser candidatos, todos se sienten con los méritos suficientes, juran y perjuran que tienen estructura y que ellos y solamente ellos podrán ganar el estado. El problema para los precandidatos priístas es que la desconfianza, las trampas y las traiciones se volvieron las características principales de sus contiendas internas…y son los primeros en saberlo.

 

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