SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE DE 2017 
HOY NO CIRCULA
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Seguramente se preguntarán por qué no ha aparecido un texto nuevo en mi columna. Simplemente son etapas y nuevamente, creo, estoy en un proceso de acomodo. En la vida morimos y vivimos cada tanto si no es que cada día. Cada jornada se vuelve un reto, una historia en la que aparecen muros, baches pero también escaleras y puentes. 
 
Hace poco sufrí varias fisuras, he tomado decisiones que pienso que me van a ayudar a crecer, ha sido un proceso difícil, pero tengo y he de agradecerlo, todavía, los brazos reconfortantes de mi madre y sin embargo, también de la protección debe uno desapegarse un poco y aprender a resistir por su cuenta. 
 
Dediqué los últimos dos años a trabajar arduamente para conseguir la clave como asesor técnico pedagógico y quizá, no lo sé, porque sigo valorándolo, dejé de lado otros aspectos de mi existencia. Seguí, al igual que otros compañeros a nivel nacional, todo un proceso que llevamos a cabo al pie de la letra, con fechas de entrega, cumpliendo además las funciones que se nos encargaban porque, creo, a los docentes que estamos en este cargo, nos caracteriza el ser dinámicos, buscar estrategias y proponer acciones. Sin embargo, al culminar los dos años de inducción y realizar las evaluaciones correspondientes, nos notificaron que por evidencia empírica, el instrumento de la etapa tres que presentamos no podía calificarse y por consiguiente no obtendríamos la clave y vamos a tener que evaluarnos nuevamente el próximo año.  
 
Me sentí como cuando le dedicas cuatro años a una relación que no fue más allá, pero que a pesar de que las consecuencias no sean las esperadas, al voltear y mirar atrás, no puedes calificar a ese tiempo como perdido. Primero hay impotencia, desilusión. Una sensación de haber sido violentado en tus derechos y luego, viene el periodo reflexivo, la búsqueda del aprendizaje que la experiencia deja.  
Por otro lado, he tenido que revalorar un tesro muy grande que es mi familia, donde están mis orígenes. Amo sobremanera los valores que ella ha fomentado en mí y a la distancia observo que cada integrante tiene conflictos, complicaciones que tenemos que superar y que no es menester que las resolvamos entre todos, pero sí es natural contar con el respaldo que siempre estará ahí.
 
Fisuras, como dejar la seguridad y la comodidad de lo ya conocido por lo nuevo por aprender.
Replantear opciones, crear nuevos objetivos, crecer un poco, como los niños, a raíz de las caídas y las rodillas lastimadas. Verificar a qué circunstancia le dedicamos nuestro tiempo, identificar dónde sí y dónde ya no es tu lugar. Dejar el mullido espacio conocido y seguir andando porque a fin de cuentas de esto se trata la vida, de aprender, aunque pese. Tomar decisiones y en el camino observar que no siempre tus manos abarcan todas las posibilidades y habrá alguna que tienes que soltar, no por gusto sino por respeto a los demás y sobre todo a ti mismo. 
 
Y sin embargo hay que seguir, con todo y fisuras, seguro de las decisiones tomadas. Verificar que eres más que una evaluación, abandonar aprendizajes previos y tomar unos nuevos, soltar personas y relaciones o permitir que maduren o que tú crezcas. 
 
La vida es un gran abanico. Sólo tú sabes de qué lado moverlo y hacia dónde enfocarte. No vale la pena quejarse. Por hoy ya hice un poco de catarsis y justifiqué mi ausencia en la columna que agradezco que ustedes lean. 
 
Las personas que no son felices se enfocan en las dificultades. Hay que agradecer lo que sí se tiene y continuar. Reacomodar la vestidura, tomar las cualidades que se tienen: familia, tenacidad, amistad, voluntad y avanzar.
 
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