MARTES 20 DE FEBRERO DE 2018 
HOY NO CIRCULA

columnaCarlosBernardoBuenos días. Hay dos discos en el mercado que produjo magistralmente don Rubén Fuentes para la hermosa voz de Linda Ronstad, titulados “Canciones de mi padre”.

El primero fue grabado y publicado en 1987; el segundo en el año del 91.
Los dos a cual más de hermosos.

Les platico una anécdota: un amigo mío que era el director artístico de la disquera Warner Music, don Arturo Valdés de la Peña, me comentaba de la producción que estaba llevando a cabo el maestro Fuentes para la rockera Linda Ronstad.
Resulta que primero, iba a cantar en español, y segundo ‘Rancheras’. Recuerdo que le comenté: ¡Pero si la Ronstad no habla ni entiende el español! ¿Cómo le van a hacer?

Pues el maestro Fuentes ya hizo la selección de temas y está en proceso de grabación de las pistas, me dijo.

¡Caray! Le repuse. Va a sonar horroroso; se va a parecer a los discos del inolvidable Nat King Cole, cuando a fuerza lo hicieron cantar en español.

Responde el señor Valdés de la Peña: pues fíjate que la señora Ronstad ya se instaló en Cuernavaca y está repasando línea por línea las frases que va a cantar.

Hice un mohín, que advirtió mi amigo y de bote pronto me suelta: vente vamos a Cuernavaca, vamos a ver cómo va eso.

Eran como las doce del día, no había celulares ni ningún artilugio para avisar que llegábamos. Hicimos acto de presencia; abrió la puerta de la residencia del maestro Fuentes el propio don Rubén y nos hizo pasar.
Allí tuve la suerte de conocer a mi admirada Linda Ronstad, sencilla, muy sencilla para su condición de estrella.

Estuve en lo cierto: no hablaba ni entendía nada de español. De soslayo miré al señor Valdés de la Peña. Tenía una cara de sorpresa y angustia a la vez.

Le preguntó al maestro Fuentes: ¿Don Rubén: está usted seguro de esto?
Con esa sapiencia y bonhomía el maestro Fuentes le responde: ¡Ya verás, ya verás!

Salimos rumbo a la capital de regreso, mi amigo y yo nos hacíamos cruces por el resultado.
-Solo una cosa te pido amigo, cuando sea la escucha del producto, avísame, muero de expectación y dudas-.

Así fue: antes de la presentación a los medios el señor Valdés de la Peña me invitó a la escucha que se hacía entre los ejecutivos de la disquera, para oír el producto y determinar el marketing a seguir.

Entre los asistentes había también rostros y comentarios de duda.

Corrió la cinta, empezaron los acordes del mariachi y ¡oh sorpresa! Era perfecta la pronunciación del español, obvio, perfecta la afinación, pero sobre todo el sentimiento y la interpretación eran de diez. Un punto extra: colocaba los falsetes, como si toda la vida hubiera interpretado la música mexicana.
¡Qué bárbaro! Me dije a mi mismo. Luego en la mesa comenté: ¡No hay frase mal pronunciada!

Un calosfrío corrió por todo mi cuerpo, pues a más de cálida la voz, los extraordinarios arreglos del mariachi, la selección de temas me transportó a mi infancia.

¿Y cómo le van a poner de título al álbum? Pregunté.

“Canciones de mi padre”, así quiso Linda que se le pusiera.

¡Uf! No lo podía yo creer. Si a mí me hubieran puesto a seleccionar las canciones, de seguro hubiéramos coincidido en casi todas. La gran mayoría del track list, eran las canciones con las que crecí, tarareadas por mi señor padre.

Del álbum uno: Por Un Amor, Los Laureles, Hay Unos Ojos, La Cigarra, Tu Solo Tu, Y Ándale, Rogaciano El Huapanguero, La Charreada, Dos Arbolitos, Corrido de Cananea, La Barca De Guaymas, La Calandria, y El Sol Que Tu Eres.

Del álbum dos. Ta Ta Dios, El Toro Relajo, Mi Ranchito, La Mariquita, Grítenme Piedras Del Campo, Siempre Hace Frio, El Crucifijo De Piedra, Palomita De Ojos Negros, Pena De Los Amores, El Camino, El Gustito, El Sueño.

https://youtu.be/OYGGr48ZxFE

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Con ese recuerdo amanecí un día, y sin querer empecé a tararear algunas de las canciones de los extraordinarios álbumes que ahora les comento. Desde luego vino a mi mente el dulce recuerdo de mi padre, las hermosas melodías que él interpretaba, su voz tan especial para mis oídos, su sentarse en el piano e interpretar lo que se le venía a la mente. Y allí, atrasito, un chiquillo ávido de la música a mis escasos 5 años, tratando de aprender de toda esa riqueza. ¡Cómo no se había inventado la grabación portátil en audio y video! La riqueza que ahora conservaría.

Más no importa, pues todo eso permeo mi mente para siempre.
Pero no solo lo ranchero interpretaba mi papá; surgía de pronto el repertorio de Lara, de Arcaraz, de Curiel, de Pardavé, de Pous, de Grever, de Esperón, de Monge, de Tata Nacho, obviamente Gabilondo Soler y tantos y tantos más.

Esperaba con ansia el atardecer, pues llegaba mi padre del trabajo, se dirigía a la sala de la casa, destapaba con mucho cariño su amado piano, encendía un “Delicados” y a tocar y cantar.
¡Ah! Qué hermosos momentos, los recuerdo como si fuera éste instante; aspiro el olor de su tabaco, veo recorrer sus grandes dedos por la superficie de ébano y marfil y oigo embelesado las melodías que a diario interpretaba.

Mención aparte merece mi señora abuela. Ella poseía uno de los primeros radios que llegaron al país. Un hermoso y reluciente RCA Victor con una caja de madera exquisita y el cual ornaba la sala. Lo encendía para escuchar la “W”. Nuevamente el pequeño niño se acercaba maravillado a oír las maravillas que de ahí emanaban.

Yo dejaba las canicas, los cochecitos y demás juguetes, por irme a sentar con mi abuela a escuchar la radio.
Esas grandes voces de la “W” se me hacían celestiales: Manuel Bernal, (el tío Polito), Luis Ignacio Santibañez, Carlos Pickering, Leopoldo de Samaniego, Ricardo López Méndez, Alonso Sordo Noriega, Pedro de Lille, Pedro Moreno, León Michel, Luis M. Farías, Raúl Leonel de Cervantes, Pedro Ferríz y tantos otros que hicieron de la locución toda una profesión.

Pero la música, la hermosa música que salía de ese insigne aparato de invención novedosa, hizo enamorarme de esa pasión; de ahí surgió la marca indeleble que llevo en mi alma al escuchar a voces como la del Doctor Alfonso Ortíz Tirado, Juan Arvizu, Genaro Salinas, Emilio Tuero, Luis Arcaraz, Nicolás Urcelay, José Mojica, Tito Guízar, Los Panchos, María Luisa Landín, María Victoria, Los Cuates Castilla, Agustín Lara, Toña la Negra, Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Vargas, José Alfredo Jiménez, Fernando Fernández, David Lama, Luis Aguilar, Francisco Gabilondo Soler "Cri-Cri", Los Tres Ases, Los Tres Diamantes, Hugo Avendaño, Amparo Montes, el Trío Cantarrecio, el Trío Avileño, el Trío Garnica Ascencio, Avelina Landín, y tantísimos más que hicieron toda una época y que marcaron en mi ser mi gran amor por esta hermosura que es la música, entendida en todos sus géneros.

Bendita música.


Los espero la próxima entrega.

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