El balance…
El panorama electoral a nivel nacional luce
complejo. La confrontación que mantienen los liderazgos de Morena con el INE
nos da la radiografía de lo que será la jornada electoral, y en caso de que la
4t llegue perder la mayoría en la Cámara de Diputados, y no obtenga los
triunfos esperados en las gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos, la
polarización entre esta institución y la élite gobernante estallará en una
crisis institucional de efectos graves para la democracia mexicana.
Se veía venir, el Tribunal Federal Electoral
como Poncio Pilatos, se lavó las manos. Y regresó la bola con más fuego al INE,
para que sea este el que arda en llamas.
La “burocracia dorada” que representa el TRIFE y
su resolutivo confirmó que es una institución que no se quiere meter en
problemas y que no desea hacer enojar al señor de los pinos y a la 4t, su
postura timorata refleja su tibieza con la que se conduce para aplicar la
normatividad electoral.
Su resolutivo únicamente prolongó el conflicto
electoral en Guerrero y Michoacán. La agonía a la que sometió a Salgado
Macedonio, lo ha envalentonado, al grado de pedir la desaparición del INE. Bajo
este contexto, entramos ya a la segunda semana de operación electoral.
En el caso de Tlaxcala, las campañas a la
gubernatura se dieron en un panorama donde los grupos que pertenecen a la 4t,
han realizado movilizaciones para demandar democracia y transparencia del
partido en el Gobierno Federal. Ese partido del no mentir, no robar y no
traicionar, ha llevado a sus propias huestes a un descontento que antes se veía
entre los grupos de izquierda contra el PRI o PAN.
Hoy, los grupos que emergieron de la izquierda y
que se arroparon en el movimiento que diseñó AMLO para que fuera el vehículo
que los llevará al poder, claman democracia en un partido que en esencia se
dice que nació con ese cometido. Ahora, nadie entiende esta desorganización.
Los partidarios que se consideran defraudados,
han decidido en el mejor de los casos, salir a la calle a manifestarse como en
los viejos tiempos cuando no eran gobierno. Otros, versión “morenatanic”, han preferido abandonar el
barco, e irse arropar en otros proyectos que les garantice su subsistencia.
En una democracia este juego político es válido,
pero se les olvida que ya están en pleno proceso electoral. Y que, si mañana
los resultados les son adversos, no será culpa del fraude electoral, de la
compra de votos, de la coacción e inducción al voto, en fin, de todas esas
triquiñuelas que se dan en cada elección. Llevarán ellos la responsabilidad y nadie
más. Su discurso del fraude sonará trillado y falto de credibilidad.
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