Más allá de Maduro: el botín venezolano

Más allá de Maduro: el botín venezolano

La noticia corre rápido y sin pedir permiso: “Trump declara que el control lo toma Estados Unidos”. Y entonces aparece la palabra que siempre incomoda: Venezuela. No como nación, no como pueblo, sino como botín geopolítico. Porque aquí no se trata solo de Maduro, ni siquiera de democracia. Se trata como casi siempre de petróleo.

La  “captura” de Nicolás Maduro no es un acto de justicia internacional, es un movimiento en el tablero. Un jaque que se anuncia con micrófonos, pero se ejecuta con intereses. Y mientras el mundo discute si Maduro cae o resiste, Estados Unidos ya dejó claro algo: el control lo tomamos nosotros. Sin rodeos, sin diplomacia poética.

En este ajedrez, María Corina Machado aparece como figura conveniente… pero no suficiente. Para Washington, no es “apta” para ser presidenta. No porque le falte discurso, ni porque no tenga seguidores, sino porque no garantiza control total. Y en política internacional, la confianza no se mide en votos, se mide en barriles.

El mensaje es claro: no basta con ser oposición, hay que ser funcional.

Estados Unidos no quiere salvar a Venezuela; quiere administrarla. No le preocupa la inflación venezolana, ni el éxodo, ni los salarios de hambre. Le preocupa que el petróleo no esté bajo una llave confiable. Y Maduro con todo y su desgaste ya no lo es. Pero Machado tampoco representa la obediencia absoluta que exige el imperio cuando se trata de recursos estratégicos.

Entonces, ¿qué vemos?

Un país atrapado entre un régimen que se pudre y una “ayuda” extranjera que nunca es gratis.

La narrativa es conocida: dictador malo, salvador externo, transición “ordenada”. Pero la historia latinoamericana ya nos enseñó cómo terminan esos cuentos. Cambian los nombres, no las consecuencias. El control económico se impone, las decisiones se toman fuera y el pueblo vuelve a quedar al margen, ahora con otro discurso.

Trump no habla de democracia; habla de control. No habla de libertad; habla de seguridad energética. Y eso debería encender todas las alarmas. Porque cuando una potencia dice “tomamos el control”, rara vez lo suelta.

Venezuela no necesita un tutor, necesita soberanía real. Y eso incomoda tanto a Maduro como a Washington.

Al final, la gran captura no es la de un presidente acorralado.

La gran captura es la de un país entero, convertido otra vez en moneda de cambio.

Y mientras tanto, América Latina observa… como quien ya sabe el final, pero igual se queda viendo la película

 Nancy Blancas

Punto y Aparte 

imperio893@gmail.com