La juventud no es el futuro: ya decide el rumbo de Tlaxcala y México
Durante años
escuchamos lo mismo: “la juventud es el futuro”. Y sí, sonaba bonito. Pero
también significaba algo más: esperar. Esperar a crecer, esperar a tener
experiencia, esperar a que alguien más diera permiso para participar. Muchas
generaciones crecieron con esa idea. Cerca de las decisiones, pero sin poder
tomarlas.
Hoy, en
Tlaxcala, eso ya cambió. Hoy veo a jóvenes que no están dispuestos a esperar.
Jóvenes que se organizan, que levantan la voz, que toman decisiones en sus
comunidades sin pedir permiso. Jóvenes que entendieron algo muy importante: que
su momento no es mañana, es ahora. Y eso se nota.
Se nota en
quienes impulsan proyectos culturales en sus pueblos, en quienes defienden el
medio ambiente, en quienes cuidan el maíz nativo como parte de su identidad, en
quienes se organizan para mejorar su colonia o acompañar causas sociales. No
siempre salen en las noticias, pero están transformando su entorno todos los
días. Esa es la nueva forma de hacer política. Una que no siempre pasa por los
reflectores, pero sí por el compromiso.
Porque
participar no es sólo estar. Es saber para qué estás. Es entender que cada
decisión tiene un impacto, por pequeño que parezca. Y ahí está uno de los
mayores retos: hacer que esa participación tenga rumbo y un propósito.
Nunca antes
las juventudes habían tenido tantas herramientas. Más acceso a la información,
más oportunidades de formación, más formas de conectarse y organizarse. Hoy es
más fácil que nunca alzar la voz. Pero también es más necesario que nunca saber
qué decir y para qué decirlo.
El liderazgo
también está cambiando. Ya no se mide sólo en años, sino en compromiso. En
conocer la realidad que se vive todos los días y en decidir hacer algo para
cambiarla. Y lo más valioso es que muchas y muchos jóvenes tlaxcaltecas han
logrado llevar sus causas más allá de sus municipios, incluso a espacios
internacionales. Eso demuestra algo poderoso: que desde lo local también se
construye país.
Porque la
democracia no vive sólo en las instituciones. Vive en lo cotidiano. En cada
persona que decide involucrarse, que deja de mirar desde fuera y asume su
responsabilidad. Y ahí, la juventud ya no es espectadora. Es protagonista.
Un estado
con juventudes activas, informadas y comprometidas es un estado más fuerte. Un
país donde las y los jóvenes participan es un país que decide mejor su destino.
Por eso, el mensaje es claro: no hay que esperar.
Tlaxcala no
necesita juventudes en pausa. Necesita juventudes presentes, conscientes y
decididas. Jóvenes que entiendan que lo que hacen en su comunidad tiene impacto
en todo México.
Saber que la
democracia no se hereda, se ejerce. Y hoy, en Tlaxcala, la juventud ya la está
ejerciendo. Por eso el futuro dejó de ser una promesa: hoy ya está pasando. Así
lo he constatado en mis visitas de trabajo que en las últimas semanas he tenido
el privilegio de hacer en diversas universidades de nuestro estado. Y eso me
llena de orgullo.
Ana Lilia
Rivera Rivera
Senadora
de la República por el Estado de Tlaxcala
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