La unidad como responsabilidad histórica
México vive
un momento decisivo. Los avances alcanzados durante los últimos años no son
producto de la casualidad, sino del esfuerzo colectivo de millones de mujeres y
hombres que decidieron transformar la vida pública del país poniendo por
delante el interés del pueblo.
Hoy, ese
proyecto enfrenta nuevos desafíos. Los hay al interior del movimiento, propios
de una organización amplia, democrática y plural; pero también existen retos
externos que demandan una visión de Estado, responsabilidad política y un
profundo sentido de unidad nacional.
Las
reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre
el combate al crimen organizado y las presiones que buscan imponer decisiones
unilaterales sobre nuestro país obligan a cerrar filas en defensa de México. La
seguridad es una responsabilidad que asumimos como nación, con nuestras
instituciones y conforme a nuestra Constitución. Ninguna amenaza ni presión
externa puede sustituir la voluntad soberana del pueblo mexicano.
Frente a ese
escenario, la unidad deja de ser un discurso para convertirse en una necesidad.
Unidad para defender nuestra soberanía. Unidad para respaldar a la presidenta
Claudia Sheinbaum Pardo en la conducción del país y unidad para demostrar que,
cuando se trata de México, las diferencias legítimas pueden quedar en un
segundo plano.
Ese mismo
principio debe guiarnos al interior de nuestro movimiento.
La Cuarta
Transformación nació de la organización del pueblo, de la lucha de miles de
personas que durante décadas caminaron comunidades, tocaron puertas y nunca
perdieron la esperanza de construir un país más justo. Esa historia nos
recuerda que la unidad nunca ha surgido de la imposición ni de la exclusión,
siempre ha sido resultado del diálogo, del respeto y de la participación de
todas y todos.
Por ello
sostengo que este es el momento de sumar, no de dividir; de escuchar, no de
descalificar; de construir acuerdos, no de levantar muros entre quienes
compartimos los mismos principios de no mentir, no robar y no traicionar al
pueblo.
Las
diferencias de opinión son naturales en cualquier movimiento democrático.
Pensar distinto no debilita, por el contrario, enriquece cuando existe
disposición para dialogar y mantener claro el objetivo superior: servir al
pueblo.
Nuestra mayor
fortaleza ha sido permanecer cerca de la gente. Ahí, en las comunidades, en los
barrios, en los ejidos y en las colonias, es donde se entiende el verdadero
sentido de la política. Escuchar a las familias, conocer sus preocupaciones y
acompañarlas en la búsqueda de soluciones ha sido siempre la esencia de nuestro
movimiento.
Por eso
debemos fortalecer la organización territorial, seguir recorriendo cada
municipio y consolidar el segundo piso de la Cuarta Transformación que encabeza
la presidenta Claudia Sheinbaum. La transformación no se sostiene desde un
escritorio, se construye escuchando y caminando junto al pueblo.
La
experiencia, la trayectoria y el trabajo realizado durante años representan un
patrimonio colectivo que fortalece al movimiento. Sin embargo, ninguna historia
personal puede colocarse por encima del proyecto nacional. Las aspiraciones son
legítimas, pero solamente tienen sentido cuando contribuyen al bienestar
colectivo y nunca cuando generan división.
México
necesita una sociedad unida para enfrentar los desafíos del presente. Necesita
instituciones fuertes, un movimiento cohesionado y una ciudadanía organizada
que defienda los avances alcanzados. La historia nos ha enseñado que los
momentos más complejos se superan cuando prevalece el interés de la nación por
encima de cualquier diferencia.
Estoy
convencida de que la Cuarta Transformación seguirá avanzando porque nació del
pueblo y al pueblo se debe. Sigamos fortaleciendo la unidad con respeto,
inclusión y diálogo; defendamos nuestra soberanía con firmeza y
responsabilidad; respaldemos el proyecto de transformación que millones de
mexicanas y mexicanos hicieron posible.
Si estamos
unidas y unidos, no habrá desafío que pueda vencer la voluntad de nuestro
pueblo.
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