Tlaxcala: Que los buenos deseos se conviertan en acuerdos
TIEMPOS DE
CAMBIO
Santiago Hernández
El inicio de un nuevo año suele venir acompañado de mensajes cargados de esperanza, llamados a la unidad y buenos deseos para las familias. Sin embargo, cuando esas palabras provienen de voces comprometidas con la vida pública, adquieren significado genuino, porque se transforman en una invitación a pensar en el presente y, sobre todo, a asumir responsabilidades colectivas.
Por eso, los recientes mensajes de Óscar Flores Jiménez con motivo de las fiestas decembrinas para Tlaxcala abren una reflexión necesaria sobre el rumbo que debe tomar el estado en este nuevo ciclo que comienza.
El morenista hizo énfasis en valores que hoy resultan indispensables: la unidad, la solidaridad, el respeto y la fraternidad que, en un contexto marcado por desafíos sociales como la desigualdad, la falta de oportunidades, las tensiones políticas y las demandas legítimas de diversos sectores, plantean la relevancia del diálogo y la reconciliación como vías para el logro de soluciones de fondo.
Tlaxcala necesita altura de miras. Resolver los problemas sociales no puede ser resultado de ocurrencias ni de confrontaciones. Requiere escuchar, construir consensos y entender que ninguna transformación real se logra desde la imposición.
Así, el llamado a “caminar juntos” que expresa Óscar Flores es pertinente, porque mediante el entendimiento entre ciudadanos, autoridades, organizaciones y comunidades es posible avanzar hacia un estado más justo y humano. No es una fórmula mágica o una fantasía: es sentido común, la política en la práctica.
El inicio de 2026 representa una oportunidad para replantear prioridades. Salud, trabajo digno y prosperidad, como bien se señaló, no son aspiraciones abstractas; son derechos y condiciones básicas para el bienestar social. Por eso, convertir estos deseos en realidades implica voluntad política, compromiso social y una visión compartida que coloque a los ciudadanos y sus familias en el centro de las decisiones públicas.
En tal sentido, resulta valioso el énfasis en el servicio a la sociedad tlaxcalteca como principio rector del quehacer político, pues servir implica reconocer las carencias, atender las demandas y trabajar con sensibilidad social, pero también dejar de lado intereses particulares para pensar en el bien común. Evidentemente, Flores Jiménez puso sobre la mesa, con especial sutileza, que urge recuperar el sentido del servicio público y comunitario.
Los mensajes
de estas fechas nos recuerdan que la paz y la reconciliación comienzan en los
hogares, pero es claro que tales condiciones se tienen que expresar en el
espacio público, de ahí que lo esperanza no debe quedarse en el discurso, sino
traducirse en acciones concretas que fortalezcan el bienestar de todas y todos.
Sin duda,
Tlaxcala tiene la capacidad y el talento para salir adelante, siempre que
prevalezca la voluntad de construir acuerdos y sumar esfuerzos. Hacia ahí
apuntan las palabras de Óscar Flores: hacia una etapa en la que los buenos
deseos se conviertan en acciones y consensos, orientados a servir a Tlaxcala,
que debe ser siempre el objetivo principal de la política estatal.
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