Morena: riesgo de ruptura

Morena: riesgo de ruptura

Lo ocurrido este domingo en Tlaxcala dejó una señal política difícil de ignorar: Morena enfrenta un riesgo real de fractura interna.

 

Las advertencias ya estaban sobre la mesa. La guerra de encuestas, las campañas adelantadas y la confrontación permanente en redes sociales habían evidenciado que las principales figuras del morenismo estatal representan proyectos políticos distintos.

 

Sin embargo, los eventos multitudinarios realizados simultáneamente este 21 de junio terminaron por exhibir una disputa que ya no puede ocultarse.

 

Por un lado, la denominada "Caminata por la Soberanía Nacional", impulsada desde el entorno de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, mostró la capacidad de movilización del grupo político que hoy controla el gobierno estatal y buena parte de las estructuras municipales, y que apuesta por el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García.

 

Por otro, el informe legislativo de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera reunió a múltiples simpatizantes y confirmó que encabeza una corriente con fuerza propia dentro del partido.

 

Pero más allá de las cifras de asistentes, ambos actos enviaron el mismo mensaje: la competencia interna ya comenzó, y la militancia está dividida.

 

El problema para Morena es que la disputa parece avanzar más rápido que los acuerdos, y que la falta de controles desde el Comité Ejecutivo Estatal no garantizó el cumplimiento de las reglas internas para garantizar equidad.

 

Las diferencias entre el lorenismo y el grupo político de Ana Lilia Rivera han dejado de ser una especulación para convertirse en una realidad visible. La confrontación se refleja en redes sociales, en medios de comunicación, en la narrativa de los actores políticos y ahora también en la capacidad de movilización territorial.

 

Por ello, la principal preocupación para la dirigencia nacional no debería ser quién encabeza hoy las preferencias internas, sino cómo evitar que el proceso termine profundizando una división que podría tener costos electorales futuros, porque las disputas internas se desbordan y los grupos políticos anteponen sus intereses a los del movimiento.

 

En este contexto, la definición de la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación adquiere una importancia estratégica. No se trata únicamente de elegir a quien encabezará el proyecto rumbo a 2027, sino de identificar al perfil capaz de mantener unido al partido después de la decisión, porque si algo quedó claro este domingo es que la encuesta, por sí sola, difícilmente resolverá el problema político de fondo.

 

En este escenario, se deben considerar otros mecanismos, porque Tlaxcala necesita un perfil con experiencia y preparación, pero también conciliador, con capacidad para generar acuerdos internos, y con liderazgo para no subordinarse a grupos, sino a los principios de la Cuarta Transformación y a la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

La militancia aparece cada vez más polarizada y los principales liderazgos parecen concentrados en fortalecer sus propias posiciones antes que en construir puentes de entendimiento. Ante ello, el Comité Ejecutivo Nacional está obligado a intervenir para garantizar condiciones de equidad, hacer valer las reglas internas y evitar que el proceso derive en una confrontación mayor.