El verdadero partido se jugó en el palco
La final de la Copa Mundial de Futbol
dejó un campeón en la cancha, pero también una imagen de enorme significado
político: la presidenta Claudia Sheinbaum compartiendo el palco con Donald
Trump y con el primer ministro de Canadá, Mark Carney.
No fue únicamente una aparición
protocolaria ni una fotografía entre mandatarios. La presencia conjunta de los
líderes de los tres países organizadores representó un mensaje de coordinación
regional en un momento marcado por diferencias comerciales, migratorias y de
seguridad.
La pregunta es qué significa para
México la cercanía mostrada entre Sheinbaum y Trump.
En primer lugar, representa
pragmatismo político.
La presidenta mexicana y el
mandatario estadounidense encabezan proyectos muy distintos. Sus discursos,
prioridades y estilos de gobierno difícilmente pueden coincidir. Sin embargo,
la relación entre México y Estados Unidos no puede depender de simpatías
personales ni de afinidades ideológicas.
Ambas naciones comparten una extensa
frontera, una relación económica fundamental y problemas comunes relacionados
con la migración, el tráfico de armas, el comercio y la seguridad. Los
gobiernos pueden tener diferencias profundas, pero los países están obligados a
dialogar.
Sentarse junto a Trump no significa
subordinación ni aprobación de sus políticas. Significa reconocer que ningún
gobierno mexicano puede darse el lujo de cerrar los canales de comunicación con
su principal socio comercial.
En política exterior, la firmeza no
consiste en evitar a quien piensa diferente, sino en defender los intereses
nacionales frente a cualquier interlocutor.
Sheinbaum ha procurado mantener una
relación prudente con Trump, evitando que cada desacuerdo se convierta en una
confrontación personal. Su estrategia parece basada en la serenidad, el diálogo
y el control del mensaje.
Esto no garantiza que México obtenga
siempre resultados favorables, pero reduce el riesgo de que las diferencias
políticas provoquen consecuencias económicas para trabajadores, empresas,
exportadores y comunidades fronterizas.
La escena del palco también tuvo una
dimensión regional.
México, Estados Unidos y Canadá no
solamente organizaron juntos el Mundial. También conforman uno de los bloques
económicos más importantes del mundo. La convivencia de sus dirigentes proyectó
la imagen de una Norteamérica capaz de compartir espacios y responsabilidades,
aun cuando existan desacuerdos entre sus gobiernos.
El futbol funcionó como un terreno
neutral. Permitió un acercamiento sin la rigidez de una reunión oficial y sin
la obligación inmediata de anunciar acuerdos.
Sin embargo, tampoco debe exagerarse
el significado de la fotografía. Compartir un palco no resuelve los problemas
bilaterales. Una conversación cordial no elimina las diferencias ni garantiza
que las futuras decisiones de Washington beneficiarán a México.
El verdadero desafío para Sheinbaum
será convertir esa cercanía pública en resultados concretos.
México necesita que el diálogo sirva
para proteger su economía, defender a los mexicanos que viven en Estados Unidos
y establecer mecanismos de cooperación que respeten la soberanía nacional.
También deberá explicar que dialogar
con Trump no equivale a ceder ante él.
En un ambiente político polarizado,
algunos podrían acusarla de mostrarse demasiado cercana al mandatario
estadounidense. Otros presentarán el encuentro como un triunfo diplomático.
Ninguna de esas interpretaciones explica por completo lo sucedido.
Sheinbaum asistió como jefa del
Estado mexicano. Su responsabilidad era ocupar el lugar que correspondía a
México en un acontecimiento organizado por las tres naciones. Ausentarse habría
proyectado distanciamiento o incapacidad para compartir espacios con el
principal socio del país.
Trump también aprovechó el escenario
para fortalecer su imagen y mostrar liderazgo regional. Cada mandatario utilizó
la final de acuerdo con sus propios intereses.
En la cancha se enfrentaron dos
selecciones. En el palco convivieron intereses nacionales, diferencias
ideológicas y estrategias diplomáticas.
El verdadero partido para México no
duró noventa minutos. Se juega diariamente en las decisiones que se toman a
ambos lados de la frontera.
Claudia Sheinbaum entendió que la
relación con Donald Trump no puede construirse solamente con discursos de
firmeza. También requiere presencia, paciencia y capacidad para dialogar sin
renunciar a los principios propios.
Una fotografía no resuelve los
problemas entre México y Estados Unidos, pero puede abrir una puerta.
Ahora corresponde al Gobierno
mexicano demostrar que esa puerta conduce a acuerdos útiles para el país y no
solamente a una imagen para la historia.
Nancy Blancas
Punto y Aparte
Comentarios