Libertad de expresión y derechos de las audiencias no son opuestos
En toda democracia auténtica, la libertad de
expresión constituye uno de los pilares fundamentales de la vida pública. Sin
ella no hay deliberación, no hay crítica al poder y no hay ciudadanía
plenamente informada. Pero también es cierto que la democracia exige garantizar
el derecho de las audiencias a recibir información veraz, plural y de calidad.
Ambos derechos no compiten entre sí, por el contrario, se fortalecen
mutuamente.
En los últimos días se ha abierto un debate
legítimo sobre el proyecto de Lineamientos Generales para la Protección de los
Derechos de las Audiencias, actualmente sometido a consulta pública por la
Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Diversas voces críticas han
expresado inquietudes respecto de sus posibles alcances y de las
interpretaciones que pudieran derivarse de ese instrumento. Tales
planteamientos merecen ser escuchados con respeto, porque quienes ejercen el
periodismo desempeñan una función indispensable para la democracia.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara al
señalar que estos lineamientos no buscan censurar a los medios de comunicación
ni limitar el ejercicio periodístico. Ha explicado que el propósito de este
proceso es fortalecer los derechos de las audiencias previstos en la
legislación vigente y que, precisamente por ello, el proyecto permanece abierto
a la consulta pública para recibir observaciones, propuestas y críticas que
contribuyan a su perfeccionamiento.
He sido una defensora permanente de las
libertades y de los derechos consagrados en nuestra Constitución. Por esa razón
considero indispensable que cualquier regulación en materia de
telecomunicaciones y radiodifusión se construya mediante un diálogo amplio,
transparente y con la participación de periodistas, concesionarios,
especialistas, instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil.
Una norma que nace del consenso siempre será más sólida que aquella construida
desde la imposición.
También debemos ser cuidadosos para que ninguna
disposición pueda dar lugar a interpretaciones que vulneren la libertad de
expresión o generen incertidumbre en el ejercicio periodístico. La crítica, la
investigación y el debate son componentes esenciales de una sociedad
democrática y deben preservarse sin ambigüedades. Al mismo tiempo, el Estado
tiene la responsabilidad constitucional de proteger los derechos de las
audiencias y de procurar que la información que reciben se apegue a principios
de veracidad, pluralidad y respeto.
La mejor ruta no es la confrontación entre
derechos, sino el equilibrio. Defender la libertad de expresión no significa
renunciar a los derechos de las audiencias. Proteger a las audiencias tampoco
debe convertirse en un mecanismo que inhiba el trabajo de los medios de
comunicación. El desafío consiste en construir reglas claras que den certeza a
todos y fortalezcan nuestra vida democrática.
México necesita más libertades, más pluralidad y
más debate público, nunca menos. Por ello confío en que el proceso de consulta
permitirá escuchar todas las voces y enriquecer un marco jurídico que responda
a los desafíos actuales de la comunicación, sin afectar los derechos
conquistados por la sociedad.
La democracia se fortalece cuando las
diferencias se discuten con apertura, respeto y argumentos, no cuando se
descalifican. Ése es el camino para construir acuerdos que fortalezcan nuestras
instituciones y garanticen, al mismo tiempo, la libertad de expresión y los
derechos de las audiencias.
Comentarios