Cuando los líderes sociales le ganan terreno a los partidos
Algo está
cambiando en la política mexicana.
Durante
muchos años, los partidos tuvieron prácticamente el control absoluto de las
candidaturas, las estructuras y las decisiones. Para competir por un cargo
público era necesario pertenecer a un grupo, contar con padrinos políticos y
esperar la aprobación de una dirigencia.
Hoy ese
modelo comienza a mostrar fisuras.
En distintos
estados están surgiendo liderazgos sociales que no nacen desde las oficinas
partidistas, sino desde las calles, las comunidades, los municipios y las
causas ciudadanas.
El caso de
Grecia Quiroz, en Michoacán, es una muestra de este fenómeno.
La presidenta
municipal de Uruapan ha ganado presencia no por pertenecer a una gran
estructura nacional, sino por representar la continuidad del Movimiento del
Sombrero, fundado por su esposo, Carlos Manzo.
Su figura se
ha fortalecido alrededor de una ciudadanía cansada de la inseguridad, de la
violencia y de los políticos tradicionales que aparecen durante las campañas,
prometen soluciones y después se alejan de la gente.
Grecia
todavía tiene grandes retos. Deberá demostrar que su movimiento puede construir
una estructura estatal, presentar propuestas sólidas y convertirse en algo más
que una expresión de inconformidad.
Pero su
crecimiento deja una lección importante: los partidos ya no tienen el monopolio
de la representación social.
Y esa
realidad también debería observarse con atención en Tlaxcala.
En nuestro
estado existen líderes comunitarios, representantes de organizaciones,
comerciantes, campesinos, empresarios, jóvenes, mujeres y ciudadanos que
realizan trabajo social permanente sin ocupar un cargo público.
Muchos de
ellos conocen mejor los problemas de sus municipios que algunos funcionarios
que llevan años viviendo de la política.
Saben dónde
falta agua, qué calles permanecen abandonadas, cuáles comunidades necesitan
transporte, dónde existen problemas de seguridad y qué familias llevan años
esperando una respuesta gubernamental.
Mientras
algunos aspirantes se preparan para las fotografías, las encuestas y los
eventos multitudinarios, los verdaderos liderazgos sociales continúan
trabajando en silencio.
Ahí está el
riesgo para los partidos.
Cuando una
dirigencia ignora a quienes tienen presencia real en las comunidades y prefiere
imponer candidatos desde arriba, termina provocando que la ciudadanía busque
opciones fuera de las estructuras tradicionales.
No todos los
líderes sociales están preparados para gobernar y tampoco toda candidatura
independiente representa automáticamente una mejor alternativa.
Pero tampoco
puede negarse que muchos partidos han cerrado sus puertas a los ciudadanos y
las han abierto únicamente para los mismos grupos de siempre.
Rumbo a 2027,
Tlaxcala tendrá que preguntarse qué pesa más: una candidatura respaldada por
una estructura partidista o un liderazgo construido durante años desde la
cercanía con la gente.
Porque una
cosa es llenar un evento con acarreados y otra muy distinta contar con el
respaldo auténtico de una comunidad.
Una cosa es
aparecer en una encuesta y otra resolver problemas todos los días.
La política
tradicional sigue teniendo recursos, oficinas, operadores y partidos.
Los líderes
sociales tienen algo que en ocasiones resulta mucho más poderoso: credibilidad.
Grecia Quiroz
representa en Michoacán una señal que puede repetirse en otras entidades.
Cuando los
partidos dejan de escuchar, la sociedad comienza a construir sus propios
liderazgos.
Y en
Tlaxcala, quienes hoy parecen pequeños actores comunitarios podrían convertirse
mañana en las mayores sorpresas de la elección.
Porque el
poder puede controlar candidaturas, estructuras y presupuestos.
Lo que nunca podrá controlar por completo es el hartazgo de la gente.
Nancy Blancas
Punto y
Aparte
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