La verdadera batalla por la candidatura de Morena en Tlaxcala
En estos
momentos, todas las encuestas coinciden en una cosa: Morena lidera las
preferencias para la elección de gobernador en el estado de Tlaxcala. En lo que
no coinciden es en quién debe ser el candidato o la candidata a contender en
dicha elección.
El análisis
de las diversas mediciones indica que la ciudadanía tlaxcalteca simpatiza con
el Movimiento de Regeneración Nacional y con lo que representa. Esas encuestas
no incluyen evaluación de gobierno; por lo tanto, la preferencia ciudadana es
hacia Morena. Esto es importante de entender.
Por otro
lado, las mediciones se han enfocado en determinar la popularidad de hombres y
mujeres que podrían aspirar a la nominación. De algunos y algunas se conoce su
aspiración; de otros, no. Sin embargo, los estudios de opinión se han encargado
de incluir nombres con potencial de triunfo electoral, y sus resultados han
sido dispares, generando más incertidumbre que certezas.
Además, han
pasado por alto una realidad: Morena utiliza encuestas para medir la
preferencia, pero la definición final del género de la candidatura puede
ajustarse para cumplir con la paridad. Y existen antecedentes concretos: el
caso de la paridad en la pasada elección de jefe de Gobierno en la Ciudad de
México mostró que los resultados de las encuestas pueden ajustarse para cumplir
con estos requisitos de género.
Esto
significa que la popularidad de quienes aspiran a la candidatura es un elemento
de referencia, pero no definitorio, principalmente en estados —como Tlaxcala—
donde la aceptación del partido es alta y la presencia de la oposición, baja.
Es decir, en
entidades donde Morena tiene ventaja contundente, la definición de género puede
estar por encima del nivel de preferencia de cada aspirante, la cual cobraría
mayor relevancia en el escenario de una elección que se anticipara competida o
cerrada frente a la oposición.
Pero, más
allá de lo que las encuestas sugieren —y sin entrar a la evaluación de su
credibilidad—, su constante difusión en el estado ha generado, al interior de
Morena, riesgos de división más que optimismo ganador. El descuido de la unidad
del partido es evidente, y es una circunstancia que, a nivel nacional, no ha
pasado inadvertida. Por eso, quien ocupe el cargo de “coordinador de defensa de
la Cuarta Transformación” deberá garantizar la unidad interna antes que
prometer un triunfo en las urnas.
Bajo este
panorama, se debe prever que, para el partido, será más importante apoyar un
perfil con capacidad para cohesionar a la militancia que respaldar a un cuadro
con altos niveles de popularidad, porque lo que está en juego es la continuidad
del proyecto político, no solo una victoria electoral. Y precisamente es esa
continuidad la que plantea la necesidad de impulsar a un militante con
experiencia, preparado, pero, sobre todo, leal al partido y a sus reglas.
No es
secreto que las últimas visitas de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum,
a la entidad le permitieron verificar que hay aspirantes que pasaron por alto
el llamado de evitar “campañas adelantadas”. Tan es así que se presentaron
quejas y denuncias ante las autoridades electorales locales por promoción
anticipada. Y aunque estas determinaron no emitir medidas cautelares, quedó
evidenciado el incumplimiento de la premisa de marcar una diferencia con
prácticas del viejo régimen.
Por lo
anterior, conviene tener reservas en torno a la definición de la candidatura de
Morena al gobierno estatal, porque en política no hay sorpresas, sino
sorprendidos, y la disciplina y el respeto a la autoridad de la dirigencia
nacional y de la presidenta de México podrían tener más peso que los ejercicios
de percepción que se pretenden impulsar con la publicación mensual de gráficas
y números.
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