Cambios en la FGR
El jueves 27 de noviembre, el Senado de la República recibió la renuncia
de Alejandro Gertz Manero como titular de la Fiscalía General de la República
(FGR), la cual fue aceptada por el Pleno con 74 votos a favor y 22 en contra.
Mucho se ha escrito sobre esta renuncia. Voces críticas señalan que
detrás de ella hubo presiones gubernamentales. En términos objetivos, sin
embargo, no fue así. Tal visión representa sólo una cara de la moneda, que hace
necesario ver la otra.
Viéndola desde una perspectiva institucional, la renuncia de Gertz
Manero es un acto legítimo, conforme al marco legal existente. Además, la
renuncia pasó por todo un procedimiento legal: se presentó la carta, fue
sometida a consideración, fue votada por el Pleno y fue aprobada. Es decir, se
respetó el procedimiento tal y como lo establece la Constitución Política
federal.
Ante la aceptación de la renuncia por parte del Senado, la Junta de
Coordinación Política aprobó una convocatoria para nombrar a un nuevo fiscal,
por lo que desde el viernes 28 de noviembre inició la recepción de solicitudes
a ocupar la titularidad de esta institución autónoma. El registro concluirá
este domingo a las 13:00 horas.
Así, será el martes 2 de diciembre cuando la Junta de Coordinación
Política lleve a cabo la verificación de los expedientes de las personas que
presenten sus candidaturas, y seleccionará a diez personas para que la Mesa
Directiva ponga esa lista a consideración del Pleno del Senado. En su momento,
una vez analizada por parte de la titular del Poder Ejecutivo, remitirá una
terna para de ésta designar a un nuevo fiscal.
Mientras ello sucede, la Fiscalía sigue operando, no está paralizada
porque ya hay en Ernestina Godoy una funcionaria encargada que evite vacíos
institucionales.
Pero más allá del procedimiento legal que ya se lleva a cabo para
designar nuevo fiscal, conviene hacer algunas reflexiones en torno a lo que
implica el cambio que se avecina.
En primer lugar, se abre la posibilidad de una renovación de la Fiscalía
con un nuevo liderazgo que seguramente aportará nuevas dinámicas, una visión
distinta y un impulso para la procuración de justicia.
En mi opinión, esta transición en la Fiscalía representa una excelente
oportunidad para reconfigurar prioridades, estructuras y estrategias en la
institución. Puede entenderse de esta manera porque la renuncia de Alejandro
Gertz abre la puerta a posibles cambios, tanto en su estructura como en su
enfoque, a fin de impulsar una renovada visión de procuración de justicia.
En ello, el Senado de la República tiene ante sí una gran
responsabilidad, que es la de efectuar un proceso de reemplazo democrático, con
criterios técnicos y de respeto institucional. Eso es fundamental para
fortalecer a la Fiscalía y revalidar su misión. Y estoy segura de que así será.
Hay en el Senado voluntad política de todas las fracciones
parlamentarias para que en el proceso de designación del nuevo fiscal se
respeten estándares de independencia, mérito y transparencia. Hacerlo de esta
manera servirá para no mermar el funcionamiento real de la Fiscalía, es decir,
que no se afecten investigaciones en curso, se supervise adecuadamente el
funcionamiento del Ministerio Público y se asegure la coordinación con otras
instituciones de seguridad y justicia. Esto es importante porque así se garantiza
que la salida de Gertz Manero no sea utilizada como mecanismo de impunidad o
evasión de responsabilidades.
En el Senado existe un total convencimiento de que la defensa
institucional de la Fiscalía tiene valor solo si quien llegue al cargo protege
la independencia, respeta la ley, garantiza transparencia y da continuidad a
las investigaciones. Por ello mismo, el procedimiento sigue su curso con
absoluta responsabilidad y con la vigilancia de todos los grupos
parlamentarios.
Ana Lilia Rivera Rivera
Senadora de la República por el Estado de Tlaxcala
Comentarios