Entre la grande y el ‘a ver qué me toca’
En Tlaxcala la conversación política ya entró en modo
efervescente. Falta tiempo para la elección, pero el ambiente es claro: la
gubernatura domina la agenda, los corrillos, las reuniones discretas y las
fotos calculadas. Nadie quiere quedarse fuera de la conversación, aunque
todavía no exista un calendario formal.
En Morena, el partido que hoy concentra el mayor peso
político en el estado, la disputa no está afuera, sino adentro. Los nombres
comienzan a circular con más insistencia: Ana Lilia Rivera Rivera,
Alfonso Sánchez García y otros actores del propio movimiento que, sin
declararse abiertamente, ya forman parte de la conversación. No es tiempo aún
de plataformas ni de definiciones públicas, sino de lecturas internas, acomodos
y señales.
Ahí está el punto central: la candidatura se resolverá al
interior, y de esa decisión dependerá buena parte del reacomodo político en
Tlaxcala.
Mientras eso ocurre, los otros partidos también se mueven,
aunque con estrategias distintas.
El PAN busca reorganizarse, medir su fuerza real y evaluar si
va solo o apuesta por alianzas.
El PRI, lejos de los tiempos de hegemonía, mantiene
estructura territorial y operadores que no han abandonado la cancha.
Movimiento Ciudadano observa con calma, consciente de que su
papel puede ser determinante no necesariamente por ganar, sino por inclinar la
balanza.
Pero en medio de esta efervescencia hay un elemento que se
repite en todos los colores: la simulación.
Políticos, operadores y personajes que dicen estar con todos, se toman la foto con todos y no se juegan realmente por nadie. Gente que transita de un equipo a otro, no por convicción ni por proyecto, sino viendo qué puede sacar de beneficio cuando llegue el momento. En Tlaxcala abundan los leales de ocasión y escasean quienes defienden una causa con claridad.
Y mientras arriba se acomodan discursos y aspiraciones, abajo
el tablero empieza a tensarse. Porque reducir la política tlaxcalteca a la sola
carrera por la gubernatura sería un error. Una vez que se defina el nombre que
encabece la boleta, la disputa real se va a desatar en cascada: municipios,
diputaciones locales, cabildos, distritos.
Ahí es donde muchos que hoy guardan silencio empezarán a
hablar. Donde las lealtades se pondrán a prueba, los acuerdos se renegociarán y
los proyectos personales saldrán a flote. No pocos están esperando esa
definición para decidir a quién empujar, a quién soltar y desde dónde jugar.
Porque en Tlaxcala la política no se mueve solo por
entusiasmo ni por decepción. Se mueve por estructura, operación y territorio. Y
cuando parece que todo se decide arriba, es desde abajo con alcaldías,
distritos y operadores desde donde se empujan las elecciones hacia arriba.
Ahí, lejos del reflector principal, es donde se termina
definiendo quién llega…
y quién solo simuló estar en la contienda.
Nancy Blancas
Punto y Aparte
imperio893@gmail.com
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