Día del Trabajo con trabajo digno
Durante
décadas, la política laboral en México se construyó de espaldas a quienes
sostenían la economía con su trabajo. Se hablaba de crecimiento, pero no de
salarios y de productividad, pero no de derechos. Ese modelo no sólo fue
injusto, sino insostenible. Por eso, el cambio que vive hoy el país no puede
entenderse sin colocar en el centro a las y los trabajadores.
Hoy, el país
avanza y lo hace con una convicción clara: el gobierno debe estar al servicio
del pueblo. Y en ese pueblo están, en primer lugar, las y los trabajadores.
Bajo esa premisa, se han impulsado decisiones que no sólo corrigen inercias del
pasado, sino que comienzan a saldar una deuda histórica.
Uno de los
ejemplos más claros es la recuperación del salario mínimo. Durante décadas, se
normalizó su deterioro, como si fuera inevitable que el ingreso de millones de
familias perdiera valor año con año. Hoy, ese paradigma se ha roto. El
incremento de 153% en los últimos 8 años es la posibilidad concreta de que las
familias vivan con mayor dignidad. En Tlaxcala, esto se traduce en mayor
capacidad de consumo en los hogares, en mejores condiciones para la industria
local y en un impulso directo a la economía regional.
Pero el
cambio no se limita al ingreso. Desde el Poder Legislativo hemos acompañado una
agenda profunda de reformas laborales: la eliminación del outsourcing abusivo,
la transformación del sistema de pensiones, la consolidación de una justicia
laboral más ágil y cercana, y el fortalecimiento de la democracia sindical.
Estas medidas no son aisladas, forman parte de una visión que reconoce a las y
los trabajadores como sujetos de derechos, no como piezas reemplazables,
también en sectores clave de Tlaxcala como el textil, el automotriz y el
agrícola.
En esa misma
lógica, se han abierto nuevas discusiones que hace apenas unos años parecían
impensables. La reducción de la jornada laboral, la incorporación de
trabajadores de plataformas digitales a esquemas de seguridad social, y la
protección de jornaleros agrícolas mediante mecanismos de certificación
laboral, son pasos que responden a una realidad cambiante, pero también a una
exigencia ética.
El derecho a
la vivienda también ha sido replanteado. Instituciones como Infonavit y
Fovissste han dejado de ser únicamente otorgantes de crédito para asumir un
papel más activo en la construcción de soluciones habitacionales. Al mismo
tiempo, millones de créditos impagables han sido reestructurados o liquidados,
dando un respiro a familias que durante años vivieron atrapadas en deudas
injustas, muchas de ellas en municipios de Tlaxcala donde el acceso a vivienda
digna había sido limitado.
No puedo
dejar de subrayar un avance fundamental, que es la igualdad sustantiva.
Establecer en la ley que a trabajo igual corresponde salario igual no es un
gesto simbólico, es una obligación moral y jurídica que busca cerrar brechas
históricas en perjuicio de las mujeres, también en el ámbito laboral
tlaxcalteca.
Sin embargo,
sería un error pensar que la tarea está concluida. El desafío es consolidar lo
avanzado y no permitir retrocesos. Defender el trabajo digno implica estar
atentos a nuevas formas de precarización y a las necesidades específicas de
cada sector. El compromiso con las y los trabajadores no está en el discurso,
sino en las decisiones que se sostienen en el tiempo, especialmente en estados
como Tlaxcala, donde el desarrollo debe ir siempre de la mano de la justicia
laboral.
Ana Lilia
Rivera Rivera
Senadora
de la República por el Estado de Tlaxcala
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