Legislar con compromiso social
Ser senadora de la República implica una profunda responsabilidad con la vida pública del país y con la confianza que la ciudadanía deposita en quienes la representan. La función legislativa tiene un alcance nacional, porque las leyes que se aprueban en el Senado impactan a todo México; sin embargo, esta responsabilidad no puede ejercerse sin memoria ni arraigo. En mi caso, Tlaxcala es el punto de partida desde el cual entiendo la realidad social y participo en las grandes decisiones del país.
A lo largo de estos siete años de trabajo
legislativo he sostenido que la tarea central de una senadora no es la
realización de obra pública, sino la construcción de leyes justas, útiles y
duraderas. Legislar es debatir, consensuar y transformar las demandas sociales
en derechos. Pero legislar también exige cercanía con la gente: escuchar sus
necesidades y acompañar, desde la gestión, los procesos que permitan que las
instituciones cumplan con su responsabilidad.
Desde esa convicción, durante este periodo he
recibido cerca de cinco mil solicitudes ciudadanas. Cada una refleja una
problemática concreta y una expectativa legítima de atención. Estas solicitudes
corresponden principalmente a apoyos de carácter social y a gestiones ante
dependencias del gobierno federal. En todos los casos, el compromiso ha sido
claro: escuchar, canalizar, dar seguimiento y responder con responsabilidad.
La gestión institucional es una herramienta
que permite tender puentes entre la ciudadanía y el Estado. Canalizar una
solicitud implica acompañar a las personas en procesos administrativos que,
muchas veces, resultan complejos y poco accesibles. En todos los casos, mis
acciones buscan atender necesidades urgentes, sin sustituir ni desplazar la
obligación del Estado de garantizar derechos de manera universal.
En el ámbito estrictamente legislativo, he
participado de manera activa en la presentación, discusión y aprobación de
reformas de gran calado social. Entre ellas, destaca la elevación de los
programas sociales a rango constitucional, un paso histórico que garantiza que
apoyos como las pensiones y las becas no dependan de la voluntad política de un
gobierno en turno. Constitucionalizar estos programas significa reconocerlos
como derechos y no como favores.
Esta decisión legislativa tiene un objetivo
claro: erradicar prácticas de clientelismo electoral que durante años
utilizaron despensas, tinacos u otros bienes materiales como mecanismos de
condicionamiento del voto. Al establecer los programas sociales en la
Constitución Política, se busca que el bienestar de las personas no esté sujeto
a presiones políticas ni a intercambios indebidos, sino respaldado por la ley y
garantizado por el Estado mexicano.
Como senadora por Tlaxcala, mi trabajo
legislativo abarca a todo el país, pero mantiene un anclaje profundo en la
tierra que me vio nacer. Tlaxcala es una referencia constante que orienta mis
decisiones y prioridades, y desde esa identidad participo en los debates
nacionales con la convicción de que fortalecer a México también implica atender
las realidades locales.
Legislar no es prometer obras ni repartir
recursos; legislar es construir reglas claras, ampliar derechos y sentar bases
de justicia social duraderas. Pero también es ejercer una representación
cercana, sensible y comprometida con la gente, incluso cuando ello implica
asumir posturas firmes.
Mi compromiso con Tlaxcala y con México es
permanente. En entrevistas con diversos medios de comunicación he sido
enfática, quizá más de lo debido, pero mi convicción es clara: defender a la
gente y decir las cosas de frente. Prefiero equivocarme por hablar con pasión
que callar ante las injusticias.
Desde el Senado de la República continuaré
trabajando para que la ley sea una herramienta de bienestar, dignidad y
equidad, siempre al servicio del pueblo y nunca como instrumento de
manipulación política.
Ana Lilia Rivera Rivera
Senadora de la República por el
Estado de Tlaxcala
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