El tiempo de los jóvenes es ahora
Pensar,
decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente
Morales Pérez
Durante muchos años hemos repetido una
frase que parece optimista y esperanzadora: “los jóvenes son el futuro”. La
escuchamos en escuelas, ceremonias, discursos políticos y reuniones familiares.
Sin embargo, después de conmemorar el Día Internacional de la Juventud, el
pasado 12 de agosto, vale la pena cuestionarla.
Porque los jóvenes no son el futuro.
Los jóvenes son el presente.
Decir que son el futuro puede
convertirse, sin quererlo, en una manera de aplazar su participación. Como si
todavía tuvieran que esperar, crecer, acumular experiencia y aguardar
pacientemente hasta que llegue su momento.
Pero ese momento ya llegó.
Hoy los jóvenes estudian, trabajan,
emprenden, desarrollan tecnología, participan en organizaciones, crean
contenidos, defienden causas y construyen nuevas maneras de entender el mundo.
Algunos participan en política; otros lo hacen desde la academia, el deporte,
la cultura, el emprendimiento, el activismo o las redes sociales.
Y quienes tenemos responsabilidades
públicas debemos entender algo fundamental: gobernar para los jóvenes no
significa decirles cómo deben pensar. Significa escucharlos y generar las
condiciones para que puedan desarrollar plenamente sus capacidades.
Detrás de las estadísticas existen
historias concretas.
Está el joven que termina una carrera y
busca su primera oportunidad laboral; quien desea emprender, pero no tiene
capital; quien quiere seguir estudiando y enfrenta dificultades económicas;
quien posee talento artístico o deportivo y necesita oportunidades; o quien
vive en una comunidad y siente que para prosperar necesariamente tendrá que
marcharse.
También está el joven que observa la
política con desconfianza.
Y no deberíamos reprocharle su
desencanto sin preguntarnos primero qué hemos hecho desde la política para
conquistar su confianza.
La democracia necesita jóvenes que
participen, pregunten, cuestionen y debatan. Necesitamos generaciones capaces
incluso de contradecirnos, porque una democracia saludable no forma ciudadanos
obedientes: forma ciudadanos libres, informados y críticos.
La juventud conserva, además, una
enorme capacidad de inconformarse frente a aquello que otras generaciones hemos
comenzado a considerar normal. Esa inconformidad puede convertirse en una
poderosa fuerza transformadora.
Por ello, hablar de juventud significa
necesariamente hablar de educación.
Pero la educación de nuestro tiempo no
puede limitarse únicamente a transmitir conocimientos. Necesitamos formar
jóvenes capaces de comunicarse, trabajar en equipo, desarrollar pensamiento
crítico, utilizar responsablemente la tecnología, conocer sus derechos y asumir
sus responsabilidades.
Especial atención merece la revolución
tecnológica que estamos viviendo. La inteligencia artificial, la automatización
y la digitalización modificarán empleos, profesiones y modelos de negocio.
Preparar a nuestros jóvenes para esa nueva realidad debe convertirse en una
prioridad.
Pero existe algo todavía más
importante: permitirles construir un proyecto de vida.
Un joven necesita creer que estudiar
vale la pena; que su trabajo le permitirá avanzar; que puede emprender; que
algún día podrá acceder a una vivienda; que podrá formar una familia si así lo
decide y que no necesariamente tendrá que abandonar su comunidad o su estado
para encontrar oportunidades.
En Tlaxcala tenemos una juventud llena
de talento. La encontramos en universidades, escuelas, comunidades, empresas,
campos deportivos y espacios culturales.
Tenemos que creer en ella.
Y creer significa mucho más que
pronunciar discursos alentadores. Significa invertir en educación, generar
oportunidades laborales, facilitar el emprendimiento, impulsar la cultura y el
deporte, acercar la tecnología y abrir las instituciones a la participación
juvenil.
Desde la visión de la transformación
nacional existe un principio fundamental: nadie debe quedarse atrás.
Eso incluye necesariamente a nuestras
juventudes.
La transformación debe sentirse también
en el salón de clases, en la primera oportunidad laboral, en una beca, en el
acceso a internet, en una cancha deportiva, en el apoyo a un emprendimiento y
en la posibilidad de que un joven de cualquier comunidad pueda imaginar un
proyecto de vida sin que su origen determine hasta dónde puede llegar.
Por eso debemos dejar de decir
solamente que los jóvenes son el futuro.
Son ciudadanos del presente.
Tienen voz hoy. Tienen derechos hoy.
Tienen ideas hoy. Tienen responsabilidades hoy. Y pueden comenzar a transformar
sus comunidades hoy.
Nuestra obligación no es pedirles que
esperen a que llegue su momento.
Nuestro deber es ayudar a construir un
México y un Tlaxcala donde su momento sea ahora.
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